Los accidentes en los entrenamientos
He visto, una y otra vez, como ocurren accidentes en los entrenamientos. No importa la actividad física, arte marcial o ejercicio, siempre se repiten los mismos patrones: accidentes absolutamente evitables.
¿Cómo evitarlos? En mi experiencia, lamentablemente gran parte de la responsabilidad es del instructor/maestro/profesor. Se supone, y digo supuestamente, el responsable a cargo debe preocuparse primero que nada, del bienestar de quien aprende. Esto comienza por la preocupación de su salud física. Un accidente, no solamente puede tener serias consecuencias, puede alejar a un entusiasta para siempre de una actividad.
Primero que nada, la mejor forma es ver la calidad del instructor. La prevención es por lejos nuestra mejor protección. Para saber la calidad de un instructor, en resumidas cuentas, vean lo siguiente:
1) Opiniones de ex alumnos: por lejos, la mejor fuente de información. Mientras más ex alumnos opinen, mejor.
2) Diálogo del instructor: preguntarle al profesor que hace, su dinámica, motivaciones, que enseña. Conversando, uno se da una idea general, si da la apariencia de seriedad o simplemente es un farsante. Es fundamental saber quien le enseñó, métodos de enseñanza y su filosofía de vida.
3) Infraestructura: ver la calidad de las instalaciones, el cuidado, en relación a la mensualidad que cobran. Hay grupos donde el costo de entrenar es gratuito (como ARMA Chile). Para esos grupos de esgrima medieval, retiro este punto porque no es relevante. Más bien aplaudo el ánimo para difundir este noble arte sin ánimo de lucro.
4) Los alumnos: vean que clase de personas entrenan. Escúchenlos, porque son reflejo de quien enseña. Si bien son parte interesada, son otra valiosísima fuente de información.
Muchas veces, los accidentes más evitables son por el orgullo del maestro. Cree ser invencible, invulnerable y sobre todo, infalible. La mejor forma de demostrar habilidad es en el mismo entrenamiento. Nunca poner en riesgo a los alumnos, aunque las probabilidades sean mínimas.
Supe de un grave accidente y no precisamente en esgrima. El motivo: un mal día de trabajo del profesor. Estaba malhumorado, nervioso. La clase fue una oportunidad especial para liberar tensiones. Quiso demostrar sus habilidades. Parecía ser el mejor. Una prueba peligrosa, pero ya la había hecho. Nunca había ocurrido nada mal. Lamentablemente, ese día falló y terminó con un alumno en el hospital. Éste por fortuna se recuperó satisfactoriamente.
¿Pudo evitarse? Siempre, desde el principio. Esta persona no debería jamás en la vida volver a enseñar.
¿Cómo evitarlos? En mi experiencia, lamentablemente gran parte de la responsabilidad es del instructor/maestro/profesor. Se supone, y digo supuestamente, el responsable a cargo debe preocuparse primero que nada, del bienestar de quien aprende. Esto comienza por la preocupación de su salud física. Un accidente, no solamente puede tener serias consecuencias, puede alejar a un entusiasta para siempre de una actividad.
Primero que nada, la mejor forma es ver la calidad del instructor. La prevención es por lejos nuestra mejor protección. Para saber la calidad de un instructor, en resumidas cuentas, vean lo siguiente:
1) Opiniones de ex alumnos: por lejos, la mejor fuente de información. Mientras más ex alumnos opinen, mejor.
2) Diálogo del instructor: preguntarle al profesor que hace, su dinámica, motivaciones, que enseña. Conversando, uno se da una idea general, si da la apariencia de seriedad o simplemente es un farsante. Es fundamental saber quien le enseñó, métodos de enseñanza y su filosofía de vida.
3) Infraestructura: ver la calidad de las instalaciones, el cuidado, en relación a la mensualidad que cobran. Hay grupos donde el costo de entrenar es gratuito (como ARMA Chile). Para esos grupos de esgrima medieval, retiro este punto porque no es relevante. Más bien aplaudo el ánimo para difundir este noble arte sin ánimo de lucro.
4) Los alumnos: vean que clase de personas entrenan. Escúchenlos, porque son reflejo de quien enseña. Si bien son parte interesada, son otra valiosísima fuente de información.
Muchas veces, los accidentes más evitables son por el orgullo del maestro. Cree ser invencible, invulnerable y sobre todo, infalible. La mejor forma de demostrar habilidad es en el mismo entrenamiento. Nunca poner en riesgo a los alumnos, aunque las probabilidades sean mínimas.
Supe de un grave accidente y no precisamente en esgrima. El motivo: un mal día de trabajo del profesor. Estaba malhumorado, nervioso. La clase fue una oportunidad especial para liberar tensiones. Quiso demostrar sus habilidades. Parecía ser el mejor. Una prueba peligrosa, pero ya la había hecho. Nunca había ocurrido nada mal. Lamentablemente, ese día falló y terminó con un alumno en el hospital. Éste por fortuna se recuperó satisfactoriamente.
¿Pudo evitarse? Siempre, desde el principio. Esta persona no debería jamás en la vida volver a enseñar.

